La creadora dominicana apuesta por una historia de amor inspirada en el folclore nacional, con estreno mundial del 13 al 15 de noviembre en el Teatro Nacional Eduardo Brito.
CARMEN LUZ BEATO
En las montañas dominicanas habita, desde hace generaciones, una figura que desafía la imaginación y despierta la curiosidad de quienes han escuchado su historia: la Ciguapa, ese ser femenino de larga cabellera y pies invertidos que, según la tradición popular, aparece entre la espesura de los árboles y deja huellas que parecen conducir en sentido contrario. Ahora, esa leyenda encuentra una nueva forma de expresión en el ballet clásico, convertida en una historia de amor que une misterio, tradición e identidad nacional.
La responsable de llevar este personaje al escenario es Alina Abreu, bailarina, coreógrafa, maestra y productora dominicana, quien celebra cuatro décadas de trayectoria artística con el estreno mundial de La Ciguapa. El ballet – Una leyenda de amor. Las funciones tendrán lugar los días 13, 14 y 15 de noviembre de 2026, en la Sala Carlos Piantini del Teatro Nacional Eduardo Brito, con una propuesta que conjuga la técnica académica con elementos de la cultura dominicana.
El origen de esta creación se remonta a la infancia de Abreu, cuando tenía aproximadamente siete años y vivía en La Vega. Su madre le confeccionó un disfraz de Ciguapa para una celebración de carnaval, mientras su padre alimentaba su imaginación con relatos sobre esta misteriosa figura. Aquella experiencia quedó profundamente arraigada en su memoria y, con el paso del tiempo, se convirtió en una fuente de inspiración que encontraría su expresión en la danza.
La artista reconoce que su acercamiento a la leyenda precedió por muchos años a la decisión de convertirla en ballet. La curiosidad por las historias populares, las montañas y las tradiciones transmitidas de generación en generación acompañó su formación y su desarrollo creativo. Cuando finalmente decidió llevarla a escena, inició una etapa de investigación más rigurosa, orientada a estudiar las distintas versiones del mito y seleccionar los elementos que le permitirían construir una dramaturgia propia.
Concebida en un acto y siete escenas, la obra transporta al público a un pueblo cafetalero de la Cordillera Central durante la década de 1950, donde el universo cotidiano de sus habitantes se encuentra con el mundo sobrenatural de las Ciguapas. En ese espacio de contrastes surge una relación amorosa que desafía las fronteras entre lo humano y lo mítico, entrelazando pasión, sacrificio, misterio y destino.
Los papeles protagónicos recaen en Laura Isabel Fernández, quien interpreta a la Ciguapa, y Alexander Duval, encargado de dar vida al Pilonero. A través de sus personajes, ambos bailarines desarrollan el encuentro entre dos seres pertenecientes a mundos distintos, en una narración que apuesta por la expresión corporal para transmitir emociones y hacer avanzar la historia sin necesidad de palabras.
Uno de los principales desafíos de la creación consiste en representar los pies invertidos que distinguen a la Ciguapa en la tradición popular. Abreu optó por no reproducir literalmente esa característica, sino sugerirla mediante desplazamientos, cambios de dirección y juegos de percepción. El trabajo en puntas aporta ligereza al movimiento y permite que el personaje parezca deslizarse, aparecer y desaparecer, como si apenas rozara la tierra.
La interpretación exige también una construcción psicológica y corporal particular. La Ciguapa no es presentada como una criatura agresiva, sino como un ser libre, instintivo y profundamente vinculado con la naturaleza. Sus movimientos alternan la rapidez con la quietud, la curiosidad con la cautela y la sensualidad con la vulnerabilidad. La llegada del amor introduce una transformación en su comportamiento y revela una dimensión humana que amplía el sentido de la leyenda.
En esa evolución dramática, la luz de la luna adquiere un valor especial. La propuesta incorpora la licencia poética de permitir que la Ciguapa adopte apariencia humana, haciendo posible su acercamiento al Pilonero. Esta transformación abre nuevas posibilidades estéticas dentro del ballet clásico y plantea una reflexión sobre la identidad, la libertad y la capacidad del amor para aproximar universos aparentemente irreconciliables.
La música original de Junior Basurto Lomba, junto con la dirección teatral de Waddys Jáquez, contribuye a construir el universo sonoro y dramático de la producción. La puesta en escena integra coreografía, escenografía, proyecciones, iluminación y vestuario en una narración continua, concebida para conducir al espectador desde la realidad del pueblo hasta la atmósfera misteriosa de la montaña.
El diseño de escenografía de Fidel López, el vestuario de Magaly Rodríguez y el trabajo de iluminación de Emmanuel Ferry, de Efyciencia, complementan la propuesta visual. A ellos se suman el diseño y la realización de sonido y proyecciones de Ariel Ramos, de LuxArt, y el diseño y la realización de pantallas de Luichy Tejeda. Elementos simbólicos como la mata de campana y el Espíritu de la Montaña contribuyen a dar vida a un paisaje que funciona como parte esencial de la historia.
Más allá de su dimensión escénica, La Ciguapa expresa una convicción que ha acompañado a Abreu durante su trayectoria: la necesidad de desarrollar un repertorio de ballet inspirado en la identidad dominicana. La artista reconoce la importancia de los grandes clásicos europeos en la formación de los bailarines, pero considera que las leyendas, los paisajes y los personajes nacionales también merecen ocupar un lugar en los escenarios mediante obras que mantengan el rigor de la técnica académica.
La música y el movimiento se articulan, por tanto, para que lo dominicano no aparezca como un simple adorno folclórico, sino como la esencia de la creación. Los sonidos de la naturaleza, la atmósfera de la Cordillera Central y la relación de los personajes con su entorno contribuyen a construir una experiencia que aspira a conectar al público con sus propias raíces culturales.
Sus 40 años en la danza
Los 40 años de trayectoria artística de Abreu encuentran en este estreno una nueva oportunidad para continuar creando y formando bailarines. Su experiencia como intérprete, coreógrafa, productora y educadora se vincula con la labor desarrollada desde el Conservatorio de Danzas Alina Abreu, fundado en 1986, donde ha contribuido a la formación de generaciones de artistas. Para ella, estas cuatro décadas no constituyen un punto de llegada, sino una plataforma desde la cual continuar explorando nuevos caminos para la danza.
La Ciguapa El ballet – Una leyenda de amor
Con el montaje del ballet “La Ciguapa: una leyena de amor”, Alina Abreu convierte un recuerdo de infancia y una historia transmitida por la tradición oral en una propuesta que busca trascender el escenario. El estreno mundial en el Teatro Nacional representa tanto la celebración de una trayectoria como una apuesta por la capacidad del arte dominicano para narrar sus propias historias. Aquella figura misteriosa que ha poblado durante generaciones la imaginación de los dominicanos encuentra así una nueva vida en el movimiento, la música y la expresión escénica.