Entregarán el 10 de diciembre Premio Novel de la Paz 2021 a dos periodistas de investigación

Entregarán el 10 de diciembre Premio Novel de la Paz 2021 a dos periodistas de investigación

Por Araceli Aguilar Salgado 

“El periodismo libre, independiente y basado en los hechos sirve para protegerse del abuso de poder, la mentira y la propaganda de guerra.” Berit Reiss-Andersen 

El premio Nobel de la Paz suele honrar a líderes políticos, diplomáticos o religiosos; a activistas, científicos, organismos internacionales u organizaciones de la sociedad civil.

El Comité Noruego del Nobel honra el derecho a la libertad de expresión en 2021 con el más prestigioso de los premios Nobel que recae en dos periodistas: La filipina Maria Ressa y su colega ruso, Dmitry Muratov, son los galardonados con el Premio de la Paz de este año, elegidos, en palabras de la presidenta del Comité, “lucha valiente para defender los derechos humanos” y “la libertad de expresión” en sus respectivos países.

Al mismo tiempo, añadió Berit Reiss-Andersen, son representantes de todos los periodistas que defienden este ideal en un mundo en el que la democracia y la libertad de prensa se enfrentan a condiciones cada vez más adversas que no se dejan amedrentar por las amenazas y las listas negras para dar a conocer la historia.

Periodistas de investigación que desafían a las autoridades  

La señora Ressa y el señor Muratov representan a todos los periodistas que defienden esos ideales en un mundo en el que la democracia y la libertad de prensa. María Ressa (Manila, 1963) en Filipinas es cofundadora del medio independiente Rappler desde el 2012 y que se ha hecho famosa por sus reportajes de investigación, incluidos los relativos a los asesinatos a gran escala durante una campaña policial filipina contra las drogas.

A enterarse del premio ha dicho que “el periodismo nunca ha sido tan importante como ahora, y sin embargo llevar a cabo este trabajo se ha hecho tan difícil”.

A la periodista su trabajo, que ha evidenciado los crímenes y los abusos de poder del presidente filipino Rodrigo Duterte, le ha valido diez órdenes de detención en dos años y ha sido declarada culpable, por parte del gobierno del delito de difamación cibernética.

Por eso en 2020 se les condenó a seis años de cárcel que siguen aún pendiente por la apelación de su defensa. El gobierno también ha iniciado otros siete casos en su contra y el de su medio por supuesta evasión fiscal.

Ressa se convierte en la primera mujer en recibir un Premio Nobel este año. Dmitri Muratov (Samara, 1961) es uno de los fundadores y redactor jefe del periódico de investigación ruso Nóvaya Gazeta, que comenzó a editarse en 1993, dos años después del derrumbe de la URRS. Desde hace décadas es director de la publicación.

Es de los muy pocos medios que todavía en Rusia mantienen una posición crítica al poder.  Ha sacado a la luz escándalos políticos del gobierno y la oligarquía, casos de corrupción y violación a los derechos humanos.

Ha desafiado al Kremlin bajo el mandato del Presidente Vladimir Putin con investigaciones sobre delitos y corrupción. También ha cubierto ampliamente el conflicto de Ucrania. Muratov y los reporteros de Nóvaya Gazeta conocen en qué circunstancias realizan su trabajo.

Desde su fundación seis periodistas han sido asesinados, entre ellos Anna Politkóvskaya, una de sus reporteras más destacadas.

Al enterarse del premio dijo: “No puedo atribuirme el mérito de este premio.

Es mérito de Nóvaya Gazeta. Es para aquellos que murieron defendiendo el derecho de las personas a la libertad de expresión.

La última vez que el Premio Nobel de la Paz recayó en un periodista fue en 1935, cuando el alemán Carl von Ossietzky ganó por revelar el programa secreto de rearme de su país en la posguerra.

Los periodistas de ambos países, y de todo el mundo, han acogido con satisfacción el galardón, expresando la esperanza de que una mayor visibilidad conduzca a una mayor protección de los derechos y la seguridad de las personas afectadas y, en última instancia, ayude a proteger el periodismo y la libertad de expresión en todo el mundo, así como a inspirar a una nueva generación de periodistas.

El Premio Nobel de la Paz se entregará el 10 de diciembre. 

En los últimos meses, cada vez son más las organizaciones de medios de comunicación y periodistas que son declarados “indeseables” o “agentes extranjeros” y obligados a dejar de trabajar o a hacerlo bajo duras restricciones administrativas y económicas.

No solo un ambiente hostil contra la prensa sino una atmósfera generalizada de permisividad para violentarla. Las causas son múltiples: el declive de los medios tradicionales o mainstream; el estallido de la revolución digital y las redes sociales; el surgimiento de nuevos populismos autoritarios; una creciente polarización política; etcétera.

El resultado es que el periodismo, como una profesión construida a partir de la premisa de que existe tal cosa como el interés público, de que hay una ciudadanía que quiere enterarse de los hechos más allá de sus filias y sus fobias políticas, como un vehículo más o menos confiable para enterarse de qué ocurre en el mundo, está cada vez más en entredicho.

Y las víctimas no son solamente los periodistas, sus entornos personales o los medios para los que trabajan. Son, además, sus audiencias; las regiones, sectores o temas sobre los que dejan de reportear; es la sociedad de la que forman parte la que termina desprovista de información, la que pierde un cable a tierra con la realidad y queda, por tanto, muy susceptible de ser manipulada, engañada o desinformada.

Y no solo por oscuros intereses políticos o corporativos, nacionales o extranjeros, sino también y esto es lo más trágico y sorprendente del fenómeno por sí misma: por su propia vulnerabilidad, su ignorancia, su vehemencia, sus sesgos o sus prejuicios.

Defender el periodismo, en ese sentido, es defender la posibilidad de habitar en un mundo en común más allá de nuestras discrepancias; es defender la promesa de que podemos entendernos como parte de un nosotros” más amplio y sobre todo más diverso que las cámaras de eco en las que solo escuchamos lo que nos gusta escuchar, lo que nos da la razón, lo que nos hace sentir bien.

Porque el periodismo es desafío, es incomodidad, es habérselas con aquello de lo que el poder constituido o la opinión mayoritaria o uno mismo preferiría no enterarse.

Es, en resumen, una pedagogía cotidiana que nos enseña a convivir pacíficamente no a pesar de, sino gracias a la crítica y al disenso. La verdad es inconveniente o no es.  

“La concesión del Premio Nobel de la Paz a Maria Ressa y Dmitry Muratov es una victoria no sólo para el periodismo crítico independiente en Filipinas y Rusia, sino para la lucha por la justicia, la rendición de cuentas y la libertad de expresión en todo el mundo”. 

Araceli Aguilar Salgado Periodista, Abogada, Ingeniera, Escritora, Presidenta del Congreso Hispanoamericano de Prensa, Analista y comentarista mexicana, del Estado de Guerrero, México.

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